viernes 2 de marzo de 2012

La gorda de las medias de seda

Imagen By whobbenyou_Flickr
Eran las 5 de la mañana y ahí seguía Carola, era la gorda, la de las medias de seda, que nunca se iba sino hasta esperar ser corrida del lugar.

Carola era una gorda como lo mencioné antes, que noche tras noche esperaba a su amado en el mismo lugar donde una noche la dejó, él se fue con otra y ella esa noche empezó a sufrir la amnesia temporal; cada noche asistía al mimo sitio, elegía la misma mesa y se tomaba unas medias de seda.

Esta noche Carola ha visualizado a un tipo cerca de su mesa, que la mira con desdén quizás por ser gorda o tal vez la miró aquella noche cuando en el anden del olvido su amante la abandonó por correr a los brazos de una flaca escurrida y sin gracia.; de pronto el tipo se acercó, le tomó la mano y la invitó a bailar, era un tipo de música de esa que tiene cierto ritmo pero no dice nada, Carola estaba intrigada, no sabía quien era aquel entrajado caballero. después de algún tiempo bailando le susurro al oído plegarias de perdón, le confeso que extrañaba las curvas extremadamente anchas de su cuerpo, la gorda no sabía como aquel la conocía tan a fondo...

Sin duda alguna y como podemos comprender éste no era más que aquel que la había abandonado sin importar las lágrimas y lo que ella pudiera gastar en helados y chocolates, en medias de seda que dejaba entibiarse...

La gorda se disculpó tomó sus pertenencias, unos cuantos cigarrillos, la última media de seda se tomó y se marchó del lugar por primera vez antes de ser echada, por primera vez sin recordar a aquel tipo, dejándolo igual o peor que cuando ella se quedó.

jueves 1 de marzo de 2012

Para olvidarme de ti [Violeta Parra]


Para olvidarme de ti
voy a cultivar la tierra.
En ella espero encontrar
remedio para mi pena.

Aquí plantaré el rosal
de las espinas más gruesas.
Tendré lista la corona
para cuando en mí te mueras.

Para mi tristeza, violeta azul,
clavelina roja pa’ mi pasión,
y, para saber si me corresponde,
deshojo un blanco manzanillón:
si me quiere –mucho, poquito, nada–,
tranquilo queda mi corazón.

Creciendo irán poco a poco
los alegres pensamientos.
Cuando ya estén florecidos,
irá lejos tu recuerdo.

De la flor de la amapola
seré su mejor amiga.
La pondré bajo la almohada
para dormirme tranquila.

Cogollo de toronjil,
cuando me aumenten las penas,
las flores de mi jardín
han de ser mis enfermeras.

Y si acaso yo me ausento
antes que tú te arrepientas,
heredarás estas flores:
¡ven a curarte con ellas!

Violeta Parra

La Jardinera by Violeta Parra on Grooveshark

La Jardinera by Javiera Parra y Los Imposibles on Grooveshark



El Ciego de la Plaza Cualquiera


por Sr.Samolo @ Flickr


Había una vez una plaza en una ciudad cualquiera. En la plaza habían cuatro ceibas, una en cada esquina de la plaza y todas aproximadamente de la misma altura. La plaza era de concreto corriente, y justo en frente tenía una Iglesia de piedra que los españoles habían dejado a medio construir durante los primeros años de Independencia. La Iglesia era pues, una mezcla curiosa de piedras de diferentes tonalidades correspondientes a diferentes períodos de construcción y reconstrucción.

La plaza, como cualquier plaza de cualquier lugar del mundo era habitada por palomas, perros callejeros, gatos flacos, ratas subterráneas y cucarachas que se dejaban ver durante las horas más avanzadas de la madrugada hurgando entre los basureros. A esa hora en que la tierra pierde su calor que almacena durante todo el día, se veía también a un ciego circundar la plaza.

El ciego era un hombre unos treinta años, nadie sabía porque estaba ciego, o si había nacido ciego desde el primer día de su vida, todos conocían su figura recortada entre las ceibas al amanecer, o en alguna callejuela cercana a la plaza, siempre a la sombra como sin querer estorbar, pocas veces mendigaba, y su buena disposición para no estorbar la cotidianeidad humana le había valido francas invitaciones a cenar, o comer, en bonitas casas de abolengo. Hombre de pocas palabras, los niños decían que estaba sordo, pero él sólo ignoraba los insultos que le proferían siempre que no se encontraba un adulto cerca, y las patadas gratuitas y anónimas. Con el tiempo aprendió a distinguir las distintas formas de los zapatos, de vez en cuando sentía una nueva forma en el punta pié que se aproximaba y después del golpe pronunciaba entre quejidos de dolor ahogado “Y este, ¿es nuevo?”, y los niños no entendían, y le regalaban otro golpe.

Cuerpo graso cubierto del aceite que se riega por las calles, cabellos enredados, canosos y largos, barba de tres días, pero nada más, gabardina ceñida de color beige, botas derruidas y rotas, pantalones de mezclilla negros, aunque habían los que decían que en los primeros años habían sido azules, y que ya luego con el correr natural de los tiempos, acabaron siendo verdes y ya después negros, como ahora. Cargaba siempre un morralito con periódicos y baratijas que encontraba por la calle, nada de valor, sólo un conjunto de cosas curiosas, anónimas, piedrecitas faltantes de aretes, cabellos rojos por mechones, cabellos azules, monedas de forma curiosa, monedas de otros países, centavos viejísimos y sin valor.
Pero yo no vine a hablarles de las cosas que coleccionaba ni de las plazas cualquiera de ciudades cualquiera en horas cualquiera. Yo vine a hablarles de un día cualquiera, en un mes cualquiera en un año como estos que pasan rápido y sin detenerse en la ventura del futuro. Un día de esos, el ciego se paró en una esquina de la plaza y empezó a gritar una frase simple. En ese entonces yo no estaba en la ciudad, y cuando llegué había tanto rencor contra el ciego que nadie me supo decir con certeza que era lo que esa mañana había comenzado a decir el ciego.

Lo que sí me contaron todos, fue la insistencia del ciego de repetir la misma frase una y otra vez, cada día en diferente esquina, cada vez con igual energía y al cabo de un tiempo el número de repeticiones aumentaba. Un amigo mío me comentó que llegó a calcular que aproximadamente cada tres días, el número de repeticiones aumentaba al doble, aunque había veces que aumentaba por siete, y que nunca descubrió relación alguna entre el número de repeticiones y el día en que aumentaban o decrementaban. Al principio descansaba el Domingo, pero después de unos meses aquello fue de todos los días, y las gentes comenzaron a odiarlo, algunos decían que perturbaba el orden público. Una tarde el padre de la iglesia salió a razonar con él, y después del monólogo que le dio sobre el orden y la bondad de los hombres, el ciego lo miró con condescendencia y al final se acercó a su oído para decirle tres veces la frase simple y ya carente de sentido.

Otros gitanos que lo esucharon gritar, dijeron que lo que decía era el destino y que había que desenrrollarlo, los cristianos al final se convencieron de que estaba poseído o loco ( que para esas gentes simples a veces es lo mismo) y un buen día lo llevaron a encerrar.

En la cárcel el hombre siguió repitiendo la frase y él mismo se negó el alimento y el agua, su voz se fue haciendo cansada y ronca, al final se escuchaba como entre repeticiones prorrumpía desde el fondo de su estómago el reclamo de los alimentos faltantes.

El ciego, como es natural en estos casos de locura, enfermó y terminó en cama, aún en los delirios de sus calenturas continuaba repitiendo la misma frase, una y otra vez.

Una mañana fría, mientras las cucarachas y las ratas se dejaban ver entre los basureros de la plaza cualquiera, el hombre pidió ver al padre, quería confesarse. Yo hablé con el padre cuando escuché las historias del ciego a mi regreso. Él me dijo, que llegó tranquilamente (la impresión que le había dejado aquel hombre no era precisamente la mejor), se sentó a un lado y escuchó la confesión pacientemente. Como el lector comprenderá, no se me permitió conocer aquella confesión, pero si supe que el ciego dijo que lo era de nacimiento, y que venía de un pueblo muy lejos, y allá era rico. Al fin, acercó su boca a la del oído del padre y dijo la frase simple, hizo una pausa y recitó lenta y pausadamente las cartas a las siete Iglesias del Apocalipsis en latín, luego las dijo en griego, un fragmento del Popol Vuh, otro de la mitología azteca y uno más de la nórdica, luego los párrafos iniciales de al menos treinta libros, de distintas épocas, la Ilíada, la Odisea, los siete tomos de Troya, y expiró.

martes 28 de febrero de 2012

Uno termina siendo




Calacuta comenzó a remover los trastes de peltre, tomó el comal y sacando unas tortillas gruesas de un rincón de su cocina, colocó a ambos en el endeble fogón que tenía para sus quehaceres. Jaló una silla de madera gastada y vencida pintarrajeada de un azul pardo y descolgó la hamaca. 
--Siéntate-- le dijo a Clotilde con una seña de condescendencia. Clotilde se sentó y se meció un poco, se soltó el chongo apretado que traía y dejó sus cabellos largos y lacios caer sobre sus hombros morenamente tropicales. Suspiró profundo.
--¿Y cuándo te vas?
--No sé, aún no he visto con quién irme, o a dónde
--¿Cómo?¿ no querías ir a las chicleras?
Clotilde miró a la vieja de reojo y dejó caer su mano derecha con la que comenzó a hacer dibujos sobre la tierra rojiza y fresca que yacía en sus pies. Se soltó los zapatos y hundió los diez dedos en esa tierra fácilmente removible. Sintió ese fresco y olor de tierra húmeda ascender por sus piernas como conquistándola.
--Pero... ese es trabajo de hombres, nomás eso me dicen
--¡Mjú!, ¡saber!, mira que si la providencia te niega algo debe ser por algo-- Calacuta volteó la tortilla y la abrió para agregarle un poco de aceite y sal. --¿Y tu esposo?
La muchacha sintió que la pregunta le erizaba la piel, sintió de nuevo las palabras de la última noche en que vio el cuerpo esbelto del que era su esposo. Recordó el día en que lo divisó espiándola entre los manglares mientras ella navegaba paciente en su cayuco verde. «Eran otros tiempos» pensó y el agua del río de entonces le pareció igual de turbia que ahora pero más suave al tacto, mucho más líquida, mucho más fresca.
--¡Niña!--El grito de Calacuta la regresó a la realidad de la choza hecha de palitos de coco y guano, una casa simple, sin piso, y ligeramente inclinada por los ventarrones de las noches de mayo, la luz se filtraba en cada recoveco.
--Él ya no está conmigo, no estará...¿sabe?-- Lanzó una mirada firme hacia la vieja, cómo desafiándola a conocer la verdad de su pena. Calacuta no tenía problemas en adivinar las penas ajenas, era hija de un brujo de Jalpa y desde muy niña había aprendido a desentrañar los secretos que se guardan en las miradas cansadas de las gentes. Calacuta conocía el clamor de la sangre y sabía darle interpretación, sabía hablar en palabras lo que el cuerpo encerraba.
La vieja se acercó a la joven y le tocó los cabellos ligeramente. Eso bastaba para que conociera el fondo de la miseria de Clotilde, para que ese misticismo que ella sabía descifrar se le desdoblara y aprendiera a conocerlo y a sondearlo.  Calacuta abrió los ojos como si se hubiese hecho de noche y la soltó delicadamente, regresó para sacar la tortilla y partirla. El otro cuerpo que la observaba permaneció inmóvil como si de alguna forma conociera lo que había hecho Calacuta. Ésta le acercó un triángulo de tortilla a las manos saladas, luego se levantó y tomando una jarrita de peltre sirvió en dos jícaras un pozol oscuro y espeso que tardaba en resbalarse por la boquilla maltrecha de aquel recipiente y caía a goterones sobre las jícaras haciéndolas mecerse sincrónicamente.
Se sentó a un lado de la hamaca y miró a la joven tomándola de nuevo de los cabellos:
--Yo sé lo que es eso
--¿Cómo?, usted...
--Si, yo sé lo que es perder la vida. Yo sé lo que es arrancarse la vida, y quedarse con el corazón palpitándole a una ahí dentro, yo sé lo que es ser fuerte un instante para ser cobarde toda la vida, yo sé lo que es ser hombre un minuto y acabar siendo mujer el resto de la vida, como una carga dos veces mujer, porque así nos educan, para sufrir, y una sufre hasta dos o tres veces. Una ya no sufre el parto, ni la violación del marido, ni las borracheras, uno se sufre a si misma, se desencaja de una y termina siendo el espejo deforme de lo que una vez una fue y ya no será. Una tiene el valor de segar pero no tiene el valor de segarse a si misma, por miedo a acabar condenadas, ¡pero si ya lo estamos! -- Clotilde levantó la cabeza, la voz de Calacuta se fundía con sus pensamientos y se apropiaba de su cuerpo, dominaba su mente y acaba siendo la voz de ella hablando en tercera persona, como una voz de ella que se extendía hacia ella desde el mundo tangible que ella quería maldecir e ignorar, pero esta voz no la ignoraba sino que la llamaba, y ella, aunque confundida y extraña, acudía a su encuentro -- Estamos condenadas, y queremos sufrir nuestras penas. Yo sé lo que es eso, lo que es vivir sintiéndose condenable, detestable. Luego una quiere absorber todo, beberse la noche y el sol y la luna y las estrellas, y el día, y arrancarle al mundo lo malo y cargarlo una...Hasta que un buen día una se acepta corrupta...
--¿Y entonces?-- preguntó curiosa Clotilde como si se le fuese a revelar la cura de su enfermedad, cómo si las arrugas de esa mujer tuvieran, encriptadas, las palabras que ella necesitaba recitar para librarse de la culpa que la consumía, y tal vez así, en alguna extraña forma volviera a ser una con aquél que tanto quiso y que ella se había arrancado.
--Y entonces, una empieza a ser, nomás por ser, como si uno fuera presente, sin pasado, ni futuro, pero sin engaño...

La silla vacía


Imagen by dude,walkin,on_Flickr

¿Recuerdas las horas que pasábamos en aquella vieja silla del jardín?
Cuantas cosas escuchó, se ha guardado las promesas y no se ha tragado las mentiras, la vieja silla del jardín siempre cargó con los problemas que no eran más que nuestros; ¡pobrecilla de ella!

Aquella tarde cuando te levantaste enfurecido la golpeaste sin pensar todo lo que la has hecho cargar, y te fuiste, pude desde lejos ver tu silueta perderse entre el ocaso y la oscuridad; me contuve las ganas de salir corriendo tras de ti, y al contrario simplemente te mire alejarte, las lágrimas infalibles amigas salieron a mi encuentro mientras no sabía ya nada más para hacer. Me contuve un breve instante y entonces tomé la magnifica idea de partir yo también.

Esa tarde la vieja silla se quedó vacía, sin ti sin mi, pero con nuestras almas vagando por ahí, con los espíritus de nosotros que aún pretenden amarse, aunque nuestros cuerpos y las mentes digan que no. 

Hoy de nuevo estoy aquí tratando de recuperar el espíritu para poder dejar entonces la silla completamente vacía, para poder olvidarme de tí, para callar el alma y dejarte de soñar...

Ya no me importa nada...
que se quede tu alma sin la mía, que se quede mi cuerpo sin espías...  ¡Que se quede la silla vacía!

lunes 27 de febrero de 2012

Quiero abrazarte tanto [Víctor Manuel San José]


Siento tu mano fría
correr despacio sobre mi piel
y tu pecho y mi pecho y tu desnudez.
Ya olvido reproches que imaginé.

Vente conmigo al huerto
que están las rosas
queriendo ver la promesa
que has roto para volver
y así creer lo que les conté.

Dije que te quería
como a nada en el mundo.
Que seguía tus pasos,
tu caminar como un lobo en celo
desde mi hogar
con la puerta abierta de par en par,
de par en par.

Que tenía en penumbras
nuestro rincón
en aquel salón con dos cubiertos
y tu canción
y con tus flores en el jarrón.

Siento tu mano tibia
que palmo a palmo besa mi piel
y tus brazos me enredan hoy como ayer;
en este nuevo día vuelvo a creer.

Vente conmigo al puerto
que hay una barca en el malecón
con tu nombre pintado secando al sol,
con tu mano grabada junto al timón.

Sabes que te quería
como a nada en el mundo
Que seguía tus pasos,
tu caminar como un lobo en celo
desde mi hogar
con la puerta abierta de par en par,
de par en par.

Que tenía en penumbras
nuestro rincón
en aquel salón con dos cubiertos
y tu canción
y con tus flores en el jarrón.

Quiero abrazarte tanto
con mis sentidos, con tanto amor
que no haya más sonido que nuestra voz
mi cuerpo en el tuyo a continuación.

Y yo andaré la tierra
como un romero buscando a un dios
y tendré tu regazo, tu comprensión
y una casa pequeña para los dos.

Sabes que te quiero
como a nada en el mundo
Que seguía tus pasos,
tu caminar como un lobo en celo
desde mi hogar
con la puerta abierta de par en par,
de par en par.

Que tenía en penunbras
nuestro rincón
en aquel salón con dos cubiertos
y tu canción
y con tus flores en el jarrón.

Víctor Manuel

Quiero Abrazarte Tanto by Víctor Manuel on Grooveshark

HoyMéxico desembarca en redes sociales

photo by Scott Beale / Laughing Squid

Una vez más saludos a todos, el día de hoy después de divagar frente a las costas de las redes sociales hemos decidido finalmente desembarcar.

Como todo desembarco estamos curiosos y ante la expectativa de lo que puede suceder, por un lado estamos  frente a las playas de twitter como @BlogHoyMexico y por el otro nos encontramos en avanzada sobre las costas de facebook en nuestra web HoyMexico.

Si quieren enlistarse en esta ofensiva de letras y visiones pueden unirsenos en https://twitter.com/#!/BlogHoyMexico 

domingo 26 de febrero de 2012

La Ciudad Blanca


Mérida,  una suerte de conglomerado de piedras calizas de color rojizo, gentes chaparras y redondas, extranjeros aguileños y curiosos, razas importadas desde Chihuahua, Tlaxcala, Chiapas, Tabasco y no menos veces del Distrito; no hay que olvidar las casas de bardas hechas de piedras picudas y pesadas y las otras construidas de concreto que se erigen como moles sobre el pavimento, las calles polvosas y llenas de zacate, y el paseo Montejo afrancesado las mayor parte del   tiempo y bajado de esa Francia ficticia a sitio de continuas borracheras en carnaval.

Hay que contar la selva engañosa que le crece a la ciudad en todas partes, mitad selva y mitad palo seco se funde a nivel del suelo con sus calles y le niega al ciudadano la sombra.

Mérida esa mole de piedra y de gentes que explota sobre un fondo árido y casi desértico. La ciudad huracanada, la ciudad de la sed eterna.

Ahí está Mérida, creciendo como un manchón poco definido de casi un millón de gentes, pequeña en comparación con otras ciudades del país pero gigante para ese otro país que es el México sureño. 

A mi Mérida me recuerda (quizás malamente) a la  "Ciudad de los Palacios" de Fuentes, a la que describió en un vitral de historias bajo un mismo cielo. Sólo que, a diferencia de ese México dormido y que ahogaba a una revolución que todavía latía, Mérida no hace más que mirarse a si misma como en un espejo y a veces se halla gorda y se enfada consigo mismo. Mérida no se comprende a si misma, se quiere pueblo, se extraña pueblo y ya no lo es más desde hace mucho. Es ahora el conjunto incongruente de clases enfrentadas que la han definido antes y que ahora la van a definir con más fuerza. Ahora es un conjunto de pueblos interconectados entre sí. La tasa de crecimiento anual duplicó la de los últimos quince años, y llegan nuevas caras (todavía más caras), y se instalan negocios extranjeros, y se crean plazas y puestos, y en la avalancha, las diferencias se ahondan. Mérida Sur y Norte, la futurista y muy ciudad de Mérida y la muy noble y muy leal, la que no tiene más de veinte, la que tiene más de cien y la que coexiste debajo, la de los casi quinientos.

Amar es


Amar es comprenderse en el otro, pensarse a través de la mirada del otro, sonreír en la sonrisa del otro.

sábado 25 de febrero de 2012

La comedia de mi vida


Pablo_ck_Flickr

Hay gente de todo tipo, gente que se ríe y otra que llora, hay gente que se rie por no llorar y otras que lloran por no reírse, hay gente dura y cruel que tiene escondido un punto debil debajo de su piel, existen también aquellos que llevan la debilidad por delante y en el momento menos indispensable sacan las uñas para dejarte ver que no son lo que tu crees.

La escuela de la vida nos forja de distintas maneras, nos planta en un escenario donde somos los actores y autores de nuestra propia comedia.

Yo soy autora de innumerables obras, cada invierno tengo algo nuevo para presentar, algo que deja a todos sin aliento; el teatro se engalana y los actores se preparan para la presentación que el publico esta esperando criticar.

-Damas y caballeros el teatro de arte para engañar se engalana este invierno con un espectáculo genial.- esa es la frase de entrada antes de empezar a actuar, el titulo siempre quedó a criterio del publico que necesitaba mirar para comenzar a hablar y hasta a delirar.


Las obras de mi vida fueron siempre tan cómicas que cuando hice una tragedia la gente pensó que simplemente me burlaba del dolor; los hice reír a todos y sin embargo yo nunca pude hacer lo mismo siempre actuando falsamente y sin corazón, que cuando lo quise usar falló totalmente; el tiempo del amor para mi se había terminado, no habían sueño que cumplir más que mirar la sonrisa de mi público encantado y provocar admiración a mis actores, el caso ya no era ser, ya no era tener, ya no era sentir, el hecho era simplemente sobrevivir a la comedia ridicula de mi vida que apenas empezaba a figurar.

Ahora estoy aquí esperando un minuto más para volver a escribir un nuevo guión, este invierno no puede ser la excepción, y tratando de encontrar nuevos actores para hacer soñar, para besar, para supuestamente amar, que comedia la mía, que tras el telón me hacen llorar.

martes 21 de febrero de 2012

Calacuta

Anciana por Guillermo Jacobs.
"La vi salir de la Iglesia de Panajachel, con forme se iba acercando me parecio que murmuraba algo, no le entendi lo que dijo."
Calacuta, una mujer vieja, de cabellos casi azules, rostro ajado y marcado por las arrugas del tiempo, pechos caídos, mirada vidriosa y extraviada se levantó del suelo muy lentamente. Clotilde la vio levantarse desde la última banca de la iglesia en donde se encontraba, la mirada fija de la mujer la puso nerviosa y comenzó a morderse los labios.

Con pasos cansados la mujer fue moviéndose entre las gruesas bancas de cedro hasta llegar donde Clotilde, le tocó la cabeza y la miró con compasión:

--¿Me puedo sentar hijita?--Clotilde dudó por un segundo pero la voz paciente y un poco ronca de Calacuta le recordó a su abuela. Asintió con la cabeza. Eran alrededor de las siete de la mañana y la Iglesia estaba poco concurrida, la vieja se acercó al rostro congestionado de Clotilde, le tomó la mano delicadamente y le susurró al oído lo que veía:

"Morir cada día al anochecer, para levantarse muerto al día siguiente. Morir para dejar que otros vivan. Para justificar el ciclo de la existencia de los que si vivien, de los que si cambian en el mundo, de los que creen, de los que aman y de los que ignoran. Quitarles a todos la llaga del dedo gordo, la piedra del zapato, el parche viejo y las noches solas. Apartarnos como los leprosos y vivir en la periferia...¿o sólo existir?. Sólo existir lejos, cómo el recordatorio necesario de lo que no se debe hacer, de lo que no se debe olvidar.

Que ellos vivan mientras nosotros morimos, vivan ustedes todos juntos, los que besan y los que sueñan, los que rien de verdad y los que lloran cuando es tiempo de llorar, los que sienten, los que cambian de estado al ver el sol que se refleja sobre el mar, los que pueden ser triviales y se atreven a trascender...todos ustedes nos matan a diario a mi y a mis huestes...pero nos matan, nos pisotean, nos reducen, porque queremos, porque alguien creemos, debe cargar las pesadas piedras que son tan innecesarias. Vivan por sus dioses, ¡vivan!.

Yo por mi parte, no muero a diario, y quiero hacerlo, quiero morir hoy y despertar mañana medio muerto, luego muerto y medio, y saborear el gris, y beber de aguas color ceniza, y sonreír como quien nada le importa y todo le sabe a agua clorada, un sabor tenue y constante, sin sobresaltos."

Carta a un Inmortal


by the noisy plum_Flickr

Voy a escribir la última carta, me preparo doy un suspiro pero con suerte (y mucha suerte creo yo), no brotó ninguna lágrima, y se afina el pensamiento, vuelan las ideas y el tiempo se detiene, sorbo un poco más de café, entinto la pluma y entonces creo que ya es el momento...


Querido amigo:

Hoy pensé en escribirte porque hace tanto que no estas aquí conmigo y tu sabes cuanto te extraño, han sucedido tantas cosas desde tu partida y simplemente ya no tengo tu regazo para echarme a llorar, ya no esta tu persona para darme la mano y levantarme de esta desagradable situación. Pero me queda tu recuerdo y soy feliz así, en esta forma tan ilusa de vivir, jugando con las utopías que me regala la vida.

Aún no dejo de pensar en aquella tarde cuando supe que nos dejaste a todos; los ojos llenos de lágrimas y el tiempo transcurría paulatinamente mientras las plegarias de tu madre se elevaban lastimeramente, el dolor de su corazón era terriblemente inmenso, como el mio al saber que ya no estarías aquí, no ahora, ya no después, ya no para frenar mis impulsos locamente actuados; aquella noche entre aves marías y mujeres afligidas estuve yo, mirando las escenas de nuestra vida, aquellas escenas de risa y otras de melancolía.

He pensado en nuestra amistad como un tesoro que se ha quedado guardo en el ayer, plasmado en las fotos de nuestra niñez, y hundido metros bajo la tierra donde yace tu cuerpo, pero no tú, tú no estas ahí, tu estas aquí con todos los que alguna vez te amamos, y aún ahora te seguimos recordando, tu estas aquí entre el mundo de destrozos que he hecho con mi vida desde tu partida, en los recuerdos del ayer y en los ojos de tu madre diciendo "mi niñito regresa por favor", tu estas aquí, sigues junto a nuestros corazones jamas moriste pues nuestras mentes te siguen recordando, no como se hace con los simples mortales, no de esa forma en la que se recuerda una vez cada año, no más...

Y en esta última carta, te confieso que tal y como lo dijiste aún no aprendo a quererme a mi misma, ni a mis sueños, aún no aprendo de ti, la vida se me escapa de las manos, sólo me queda el mañana para transformar porque el ayer se marchó y de no ser por ti, ya no lo quiero recordar...

Esta tarde no puedo más que decirte cuanto te extraño y cuan grandiosa ha sido tu amistad aún cuando ya recides en otro lugar, para mí tu sigues siendo inmortal.

Matemáticas




Ojalá existieran las fórmulas para conquistar a los amores imposibles.

lunes 20 de febrero de 2012

Intratado 416. De amores y modernidades


Kiss por echormg Flickr

Amor, esa curiosa palabra. A través de los siglos el amor ha sido objeto de númeroros estudios, algunos analíticos lo despojan de su condición poética y lo arrastran al razocinio, le clavan agujas, lo hurgan con lupas y luces blancas que ciegan. Otros lo ensalzan, lo elevan a la condición de dios y se engañan constantemente en alcanzar lo inalcanzable, en poseer lo incorpóreo. 

Los primeros siempre en contra, los segundos invariablemente a favor defienden la eternidad del sentimiento. Por aquí quiero empezar este discurso sin pies ni cabeza, que acabará con la paciencia del lector antes de que haya explicado algo coherente.

Primero hay que ver que cosa es la eternidad, la eternidad según el diccionario más a mano que tengo "cualidad de algo que no tiene principio ni fin". Hay numerosas maneras de acercarse al problema de lo eterno pero eligiré la más próxima y quizá la más burda de ellas. Antes de entrar al fondo de lo insondable, partamos de una idea simple. Observemos todo a nuestro alrededor, sin mucho esfuerzo vamos a caer en la certidumbre de que todo cuanto existe, deberá dejar de existir algún día. Si algo existe en nuestro mundo, debe dejar de existir para que otras cosas que no existen puedan ser. Es el ciclo vital, la rueda continua que permite que las más estúpidas alegrías puedan ser disfrutadas.

Bueno, como usted ya advertirá, si existimos en un lugar finito, no se puede nunca contener algo sin fin en algo con bordes definidos, por muy grande que sea el recipiente siempre tendrá un límite. 

Luego tenemos la primera falacia evidente del amor eterno. El amor eterno no existe, jamás existió ni existirá. Pero es algo fácil de ver, lo curioso es como el concepto moderno de amor choca con con los conceptos pasados.

La vida es una cosa curiosa, se refina a sí misma, y en el proceso, la humanidad inmersa en ese proceso continuo, refina sus ideas, ideales, y lo humano. Murió el amor eterno, pero yo quiero llevar la muerte del concepto del amor a un nivel mucho más real, mucho más práctico. Si el lector me acompaña me gustaría mostrarle que el amor, al igual que la felicidad no son continuos, sino más bien aleatorios. Es cierto que uno puede querer a alguien constantemente, pero no se le quiere todo el tiempo. El amor entonces queda definido en función de la regularidad con que ese sentimiento es apreciado por las partes implicadas, considerando el factor tiempo.

Lo que le propongo al lector es un amor más laxo en el tiempo pero más vívido en el instante. Un amor más parecido a una epifanía y por ende (creo yo) más febril y sensorial. Un amor que vive y deja amar. Creo en el fondo que cuando aprendamos un poco esto y un poco de aquello, mejoraremos igual la convivencia de la humanidad, una humanidad más amorosa, que sepa quererse mutuamente. 

Usted lector no tiene porque estresarse con las ideas que bullen en la mente solitaria de un cuervo, pero me agradaría que lo considerara.

De otredades y estrellas



Desde que ambos hicimos públicos nuestros discursos y pensares sobre el otro, nos hicimos fríos y calculadores, y la razón venció al corazón en casi todas las batallas. Ya no somos los mismos. Si nuestro amor alguna vez existió, poquito a poquito va diluyéndose, va apagándose como una estrella que deja a su paso una estela de luz, y aunque brille en esta noche, su fulgor es ilusión, hace mucho terminó.

Aquiles por su talon es Aquiles by Jorge Drexler on Grooveshark

viernes 17 de febrero de 2012

El tiempo de las cerezas

calallfelvalo_Flickr


Yo te quise en el tiempo de las cerezas
cuando el esplendor de aquellos frutos rojos
 se comparaba con el color de tus labios deliciosos
te quise allá cuando no había ni bien ni mal
cuando solo eramos tu y yo.

Te quise en el tiempo de las cerezas
cuando aun era primavera
y los pájaros cantaban anunciando nuestro amor.

Es verdad,
te quise y no te quiero ya.

Sólo un recuerdo fugaz
me queda del tiempo de las cerezas
cuando pronunciaba una y otra vez
los te amo interminables

El tiempo de las cerezas
cuando una hora era solo un instante
cuando estar juntos era lo mejor.

y te quise
 ¡hay como te quise!
 ¡hay el tiempo de las cerezas que ya se fue!

Y aclaro otra vez
que te quise,
en el tiempo de las cerezas,
no ahora
ya nunca más.


jueves 16 de febrero de 2012

Prudencio

por -Merce- @Flickr


El abuelo de Prudencio le miró con ternura, impulsó un poco su mecedora y aspiró aire lentamente.
--Hay mujertes...

Prudencio apartó su vista rápidamente del suelo, y la clavo en los ojos azules y amarillos del viejo, con la mano derecha sintió la textura de la tierra húmeda, esa tierra que le daba de comer, le invitaba a jugar cada tarde y que igual servía para encontrar gusanos para asustar a las niñas, como para plantar flores para el día de las madres.

El abuelo lo miró por un breve espacio de tiempo. No espero que me comprendas, aún eres muy joven, ya lo entenderás algún día, cuando  las tardes como esta se te vuelvan vagos recuerdos, cuando el sol comience a tostarte la piel  en serio y tus ojos se vayan poniendo amarillos por los alcoholes adulterados de la juventud. Y entonces entenderás que hay mujeres vida, mujeres muerte. Entenderás que las canciones y los versos y todas esas cosas de los estirados, se hicieron para las mujeres muerte, pero que todas las quieren oír y a todas les encanta. Hallarás a las otras, a las que les escupen a las flores, que se burlan de las cosas del amor, y esas, esas te llamarán más la atención. Vas a encontrarte y a enredarte en el misterio de lo que es imposible y ahí te darás de topes

--Nada, Prudencio, nada.

El abuelo recorrió el patio de la casa, miró las piedras coloradas de la barda, el moho que crecía entre las rocas, los mangos podridos que se esparcían por la tierra y las abejas que felices recorrían los frutos que ya nadie iba a comer.  Aspiró profundamente. El olor semidulce de los mangos se le metió por las narices anchas y le llenó los pulmones. Quizo estar triste y miró al cielo limpio y azul, profundamente azul con auscencia de nubes que le dieran relieve. Cielo de Marzo con sol de Marzo, sol que se te mete por debajo de la ropa y se te clava en la piel y en los cabellos y siembra piojos invisibles, y a uno le da por rascarse...

Prudencio observó los movimientos lentos del abuelo. Disoció las palabras: mujertes, mujer, muertes, mujer-tes, ¿muertes de mujeres?, ¿mujeres que matan?, ¿las mujeres matan?, ¿porqué matan las mujeres?...¡Ah!, que chingaos, yo ni sé de eso...sé de muertes y algo sé de mujeres, también creo que se de muertes de mujeres y ya ni sé si creo en esa que dicen es la primera mujer que mata. ¿La primera?, yo no sé eso dicen...yo creo que no...¿yo creo?...mujertes...mu-jer-tes... Siguió mirando al abuelo como esperando la explicación de la frase, pero nunca llegó, el hombre seguía perdido en el cielo sin gracia que se extendía infinitamente sobre el trópico. El niño se tomó la mano izquierda y se rascó el dedo gordo del pie izquierdo. Miró su piel morena  y luego posó su mirada inquieta en una abeja que iba de un mango a otro y regresaba. Azuzaba a otras abejas y regresaba al mango anterior

--Las abejas son buenas Prudencio, les encanta lo dulce
--Pero a mi  apá le molesta que se metan a chuparle el pan, dice que luego la gente no lo quiere, además parecen como moscas así en bola
--Bueno, eso se soluciona muy simple
--Ajá, pús dirá austé como porque yo ya las he corrido y ni a madres se van
--No seas tonto niño, asi nomás te van a clavar la ponzoña
--Ya lo aprendí...
--¡Jaja!, mirá traéme un poco de azúcar en un tazón y algo de agua.

--Ahi tá, agua y azúcar...
--Ahora lo que tienes que hacer es, antes de poner el pan dejas esto en algún lugar,  para que  las abejas lo vean y ahi se metan a chupar, en lugar de andar rondando el pan...eso debe funcionar
--¿Debe?
--Debe...

Prudencio odiaba las abejas, pero quería mucho la voz dulce y los pechos alegres de la señorita que pasaba todos los días por la panadería y sólo de vez en cuando compraba una trenza o un gusano. Y cuando no, él se escondía entre los estantes a verla pasar, y mirarle los cabellos a veces trenzados y a veces libres, y los pechos siempre alegres y apretados entre las ropas...

Las abejas...las abejas...
El niño suspiró y comenzó a jugar con la tierra que tenía alrededor.

Adaptarme a ti



1jmr_Flickr
Somos seres adaptable dijo el profesor, y entonces me pregunté ¿Por qué aún no me adapto a tu ausencia?¿Por qué no me adapto a tus reproches y falta de querer? sera quizás porque te amo, o un juego de victima y victimario trato de conseguir haciéndome sino nadie, yo misma sufrir.

Somos seres adaptables y entonces me digo que  bien me pude haber adaptado a ti, o tal vez no; a lo mejor viviría entre aves marías y lamentaciones casi fingidas;  a lo mejor la predicción de los brujos resultaran verdaderas y ni un minuto a tu lado hubiese aguantado...

-Somos adaptables- volvió a repetir y entonces entendí que no tenía nada que ver con nosotros esto de la adaptabilidad social, que pretendía nuestra adaptación para escuchar la palabra "ADAPTABLE" una y otra vez, y no a las meras comparaciones tontas que mi cabeza empieza a suponer...

Y continúo en casa pensando en que no quiero más aquella forma de adaptación, adaptarme a sus palabras... quiero adaptarme a ti... a los deseos incomprendidos, a la falta de calor, adaptarme más bien a amarte sin verte más que en los sueños que se inventa mi cerebro, más que en la sopa cuando busco tu nombre y no lo encuentro, porque eventualmente solo traen A,B,D,E,Y,Z,X,W; pero quiero adaptarme a eso...

Adaptarme a que estés aquí, estés allá, y de repente se me olvida pensar que existo como existen los demás; no sé si tu te has quedado aquí o yo me ido hasta aquel lugar, tal vez ambos andemos distantes de nuestro cuerpo o sólo sea yo la ingenua soñadora que se pierde en el ayer, o la obstinada empedernida que se aferra a tu regreso, tal vez nunca lo comprenda y esté siempre igual que aquella mujer de la canción que antaño me daba risa, o probablemente un día termine por olvidarte, presa de una amnesia soportable, y en sueños te vea como uno más de mis galanes. Aunque irremediablemente sigues aquí en mi corazón, en mis pensamientos.


Adaptarme, adaptarme, adaptarme ¿Cómo? si hace menos de un tiempo te tenía aquí, aún distante pero cercano a mi, aún podía escuchar tu voz por el auricular y aunque frío, a diferencia de tus labios, me había ya adaptado a esa forma de tenerte para mi, de saberte mio sin imaginarte con nadie más; pero el tiempo del amor se esfumo en lastimeras ráfagas de tempestad, en una tarde gris, me fui yo de ti, nos alejamos o nos alejaron de los dos...


Y ahora aunque quisiéramos (quiero suponer que tú también), ya no podemos más que adaptarnos al juego de la vida.


 Comienzo a adaptarme a la espera de un futuro incierto, a esperarte aquí con el equipaje lista para partir...

martes 14 de febrero de 2012

Vivir de utopías



Vivir de las utopías aunque tu ideología no esté en el poder, tú equipo de fútbol esté en el descenso y el amor de tu vida sea un imposible.

Cuánta soledad tengo de ti -Víctor Manuel-

sábado 11 de febrero de 2012

Nuevas tintas.



Casi no hacemos post de este tipo y con el permiso de los demás escritores, me tomé la libertad de hacerlo.
HoyMéxico es un proyecto iniciado por @zorrotapatío también conocido como César Huerta, mi desconocido tocayo de Guadalajara.

Este año este proyecto cumple ya 4 años. A mi me encanta sacar cuentas y datos inútiles, y en estos cuatro años, han desfilado distintas tintas y voces por el blog, unas más que otras.
La cuestión es que para celebrar los cuatro años, andamos cazando nuevas tintas, entre otras sorpresas que venimos preparando.

Queremos que nuestros contenidos crezcan, que esto se vuelva más plural, más abierto, para tener una mayor diversidad y beneficiarnos todos.

Este post es entonces para invitarlos a ustedes a que si gustan unirse al blog, pueden tutearnos, perdón tuitearnos en @Xiumeteo y @zorrotapatio, o simplemente solicitar una de nuestras múltiples e infinitas vacantes que tenemos, aquí en los comentarios de alguna entrada.

El único requisito es que te guste escribir, si te gusta contar una historia, escribir un poema, o simplemente dar una opinión, una visión del México que habitamos, estas más que bienvenido. Igual es buena idea publicar al menos una vez a la semana, porque, después de todo del contenido es que se hace el blog, y sólo con más contenido podemos disfrutar todos de los distintos sabores y colores de las visiones particulares.

Y como siempre implícitamente, ¡Muchas gracias a todos los que nos han acompañado!, y tienen la paciencia de aguantar las malas letras de este grupo de malos escritores.