jueves, 19 de mayo de 2011

Aborto


Dedos cruzados, mirada perdida, y un lápiz en sus manos que no para de girar.

En la televisión, como siempre, la última novela le reclama a unos muchachos, protagonistas de la misma, la razón de elegir tal "desastrosa" decisión, ellos intentan defenderse, pero los escritores se las arreglan para que en un par de tomas más, uno de los dos termina convencido de su misión "divina", y después, como ese mismo cuento de la manzana de Adán (que deliciosamente irónico), termina convidando de esa bondad al otro ser.

Ambos seres humanos confundidos y aterrados, por algo que terminará por cambiar sus vidas. Unos cuantos cambios de cámara y se hallan frente a una Iglesia católica, a la clásica usanza de una televisión que impone, que implanta y que no pregunta, (un dictador de la información), porque, además en la televisión todos somos católicos, es la religión oficial del mundo "bueno" y que hace el "bien". Se les ve en la suntuosa toma a ambos frente a una estatua de madera que para un judío podría ser blasfema e ininteligible para un ateo; y ambos lloran agradeciendo el perder sus vidas, el arrojarlas a un mar sin fondo, porque después de todo "hacen lo correcto".

El lápiz interrumpe el silencio mientras se proyecta estrepitosamente contra el piso, y devuelve la mirada de la niña-mujer a los ojos de su dueño. En ellos se adivinan miedo, terror, impaciencia, pero sobre todo lo que algunos llaman "un alma". En él sólo se adivina nerviosismo.

Pasados 10 minutos, la televisión lleva ya 5 en comerciales, (ni modo, así funcionan las cosas en el país de los irracionales, de los que no escuchan y mandan), Adriana, la secretaria entrega el sobre blanco, aquél sobre, es su última esperanza, la prueba infalible dijeron sus amigos.

Ambos rompen desesperadamente la carta, la carta que nadie quiere abrir, la carta que todos quieren evitar, y que tan cuidadosamente envuelta es entregada, dulcemente, como la inyección letal que se esteriliza antes de usarse.

El resultado desgarra y aplasta, en ella lágrimas asoman, en él, el shock es evidente, no hay planes, no hay maneras de actuar. En la televisión los protagonistas son arrastrados por padre y madre de ambos, y tiempo después mágicamente se reconcilian, el parto está cerca.

Ambos se miran... en la habitación de el laboratorio, como en todo buen país creyente, hay un crucifijo, aquí se vale mezclar ciencia y religión, se vale que ambas se revuelquen en una cama tan estrecha que parecen uno, la descripción de religión y gobierno, se la ahorra el que escribe para buena salud del estómago del lector. Ambos miran al crucifijo, está ahí, nadamás ahí...

En la televisión después de otros 5 minutos de cortes comerciales, los protagonistas son felices, terriblemente pobres pero felices, con un niño de 2 años. Se saltaron todos los problemas y todas las estadísticas nacionales, olvidaron decir los problemas familiares, de los mismos ahora padres y de la nueva vida que han traído al mundo. Pero no olvidaron mencionar "escucha a tu corazón", y lo sostuvieron a través de la trama como un credo.

Los dos nuevos padres, hijos de la realidad y no de sueños de escritores que viven en las Lomas de Chapultepec, no saben que hacer y se han quedado mirando, el caso de la amorosa televisión, tan sabia ella!.

Giran en la esquina y él le dice a ella, "aborto", ella lo mira, sabe que lo que dice él es cuando menos una opción, pero recuerda a su madre, y responde tajantemente "No!", (la historia de la televisora comienza a recrearse en la vida diaria), despues de todo en el estado en que viven eso es "un delito", casi siquiera pensarlo. En la lógica de un gobierno religioso, es menester olvidarse de uno y abrazarse de su misión "divina", con una paga de sufrimiento en la tierra.

Los dos discuten un rato, apenas lo necesario para ruborizarse y continúan su caminata por separado. Más adelante hay una pelea más, pero esta vez, los ánimos se calman y hay un beso, después de todo ambos son adolescentes, ni siquiera saben que es lo que ellos quieren, como para ahora tomar una decisión. Los dos se pierden a la distancia.

Los vi, 2 años más tarde, a él borracho frente a una casa de cartón, con un hijo desnutrido ella y embarazada, no había la felicidad que la tele y la sociedad les habían prometido a cambio de sacrificarse. Tampoco eran heroes ni nadie les hacía homenaje, como les habían dicho sus amigos.

Pero al final, no los culpo, cada quién tiene derecho a elegir el camino que quiera llevar, de donde yo vengo, no se puede elegir, no se debe elegir. Y muchos han muerto por querer elegir. Por eso yo defiendo su derecho a elegir.

Lincheme usted, si asi lo desea.



2 comentarios:

Laura Carolina dijo...

Y cuál sería tu elección?

Anónimo dijo...

Hoy no se puede elegir

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