viernes, 30 de julio de 2010

Pactos rotos [Jorge Gómez Naredo]


El secretario de Seguridad Pública del Estado, Luis Carlos Nájera Gutiérrez

El secretario de Seguridad Pública del Estado, Luis Carlos Nájera Gutiérrez
Foto: ARTURO CAMPOS CEDILLO
 

Ayer ya no existe, lo que queda es el hoy, y hoy en Jalisco los pactos establecidos y jamás confesados públicamente ya no existen, se han roto: se hicieron cenizas. Se sabía (“secretos a voces”) que en tierras de este estado había arreglos entre ciertos grupos criminales y ciertas autoridades para que no hubiera guerra, ni matazón, ni muerte al por mayor. Hoy, esos arreglos están rotos. ¿Por qué?, es una pregunta que aún no tiene respuesta. Y quizá nunca la tendrá. Jamás se hicieron públicos los pactos ni los pactantes, ¿por qué se habría de hacer público lo de los rompimientos?

Las declaraciones del miércoles pasado del secretario de Seguridad Pública del Estado, Luis Carlos Nájera Gutiérrez de Velasco, fueron bastante esclarecedoras: “Hoy vemos que cada vez es más grave el índice de jóvenes que se pierden en las drogas. El futuro de México no se puede negociar, yo creo que queremos familias más libres, más sanas, y el negociar con la delincuencia es negociar con la salud, con el futuro de México y esto no se puede dar”. ¿Quiso decir el secretario que antes sí existían negociaciones y que éstas se han roto? 

La “guerra” contra el narcotráfico que emprendió Felipe Calderón se está perdiendo; o más bien, estaba perdida desde antes de iniciarse. El problema de la seguridad pública no se circunscribe a más policías, a mejor equipo bélico, a más borbotones de dinero destinados a entrenamiento y armas, a sacar al ejército a las calles y a salir en las pantallas de televisión los funcionarios públicos, con rictus de hombres duros, diciendo que el Estado es fuerte y que nadie lo vence, que nadie lo amedrenta. Con eso no se acabará el problema del narcotráfico ni de la delincuencia llamada “común”. El problema va más allá; y mientras no se planteen soluciones integrales y de fondo, persistirá.

Lo que en el norte del país se ha visto desde la llegada (ilegítima) de Felipe Calderón al poder (e incluso desde el sexenio de Vicente Fox) es de dar miedo: matazón aquí y allá, hombres decapitados, sadismo, sangre, miles de niños que pierden a sus padres, que quedan huérfanos, lágrimas, balaceras, levantones, narcomensajes de intimidación y un largo etcétera. Y también se miran a civiles muertos, gente inocente que pierde la vida y que se integra a la lista de los “caídos en la guerra”. Este país va mal, y Felipe Calderón continúa empecinado en su guerra, en su estrategia para “acabar” con los malos y para que los “buenos” (que él dice representar) ganen. Sin ir más lejos: el viernes mencionó con tono retador: “que nadie lo olvide, no hay fuerza superior a la del Estado, y no sólo es superior en número, en destreza, en valor y disciplina, sino lo es también en inteligencia y conocimiento”. Sí, Felipe Calderón está empecinado en ganar una guerra que ya perdió, una guerra, por cierto, que nadie pidió.

En Jalisco, hasta hace poco tiempo, la situación se veía más o menos tranquila (si la comparábamos con la de estados como Chihuahua, Nuevo León o Tamaulipas). Pero de unos días para acá, algo cambió, algo se rompió. Las autoridades han declarado (tanto el Secretario General de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez, como el de Seguridad Pública, Luis Carlos Nájera Gutiérrez) que ya pronto este estado se está volviendo un infierno, que la entrada de grupos delictivos a la entidad ya es un hecho, que la guerra comenzó. ¿Y qué hacen las diversas autoridades? Medio armarse y medio prepararse: unos plantean mayor “coordinación” entre las policías y otros ya hasta harán retenes (como lo plantearon los alcaldes de la Zona Metropolitana de Guadalajara). Nuevamente se cae en lo punitivo, en poner fuerza contra fuerza. Lo dijo Nájera Gutiérrez: “La ventaja que ellos [el crimen organizado] tienen es la sorpresa, entonces estamos buscando esquemas para que los elementos operativos tengan mayor cuidado en su labor diaria; nos estamos coordinando con las policías municipales para que los elementos estén preparados y sepan el panorama que se presenta en nuestro país”. ¿Acaso con ello se terminará la “guerra”?, ¿así se ganará? 

El problema no es solamente el narcotráfico: el problema es la pobreza de cientos de miles de mexicanos sin empleo y destinados irremediablemente a engrosar las filas de la delincuencia; el problema es la corrupción que permea todo el país; el problema es la falta de estrategias integrales. El problema no es debatir si el Estado es invencible o no, el verdadero problema es saber cómo hacerle para cambiar las cosas de raíz en México, cómo acabar con prácticas de corrupción, cómo ponerle límites a la violencia sin ejercer más violencia, cómo combatir al narco más allá de las armas. El problema es complejo, y las autoridades (tanto locales y estatales como nacionales) no se miran inteligentes. Parecería que en Jalisco no hay voces, dentro de la administración pública, que diverjan, aunque sea un poco, de la forma en cómo Calderón lleva al país al despeñadero. Ojalá comiencen a surgir.

Ayer ya no existe, lo que queda es el hoy, y hoy en Jalisco los pactos establecidos y jamás confesados públicamente ya no existen, se han roto: se hicieron cenizas. Ya lo dijo Nájera Gutiérrez, la “lucha sangrienta” ya inició: las negociaciones (¿de panistas incluidos?) entre ciertas autoridades y ciertos grupos del crimen organizado quedaron atrás. Ahí viene la sangre; anda también ya el miedo.

jorge_naredo@yahoo.com

Una sola mirada, diferentes visiones.

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